22 jun. 2018

La niña que quiso ver su foto: así se inventó la Polaroid




Edwin Land, que inventó la popular cámara hace 60 años, también fue precursor de la proyección cinematográfica en 3D y de cámaras para aviones espía


Probablemente, cada minuto del día una niña pide que le enseñen la foto que acaba de hacerle su madre o su padre. En la actualidad, gracias a los teléfonos móviles y otras cámaras digitales, podemos ver las imágenes al instante, tanto si queremos como si no. En cambio, en 1944, cuando Jennifer Land, que entonces tenía tres años, estaba de vacaciones y quería que su padre le enseñase la foto que le había hecho hacía un momento, esta tecnología no existía. Así que su padre, Edwin Land, la inventó.

Al cabo de tres años de investigación intensiva, Land y su Polaroid Corporation obraron el milagro de las imágenes casi instantáneas. El equipo de exposición y revelado de la película está contenido dentro de la cámara, así que para el fotógrafo, que no tiene más que apuntar, disparar y ver cómo la imagen se materializa en la fotografía que se desliza fuera del aparato, todo es coser y cantar.

Seguramente, a Land se le conoce sobre todo por la “fotografía instantánea”, progenitora espiritual del hoy en día omnipresente selfi. Su cámara Polaroid salió al mercado en 1948 en tiendas corrientes y a precios pensados para la clase media de la posguerra. Sin embargo, el aparato es tan solo uno de los muchos avances tecnológicos inventados y comercializados por él, relacionados con frecuencia con la luz y su interacción con los materiales. La tecnología que se emplea para proyectar películas en tres dimensiones y las gafas que nos ponemos en el cine son posibles gracias a él y a sus compañeros. La cámara que llevan a bordo los aviones espía U2 –como se puede ver en el largometraje. El puente de los espías– fue creación de Land, al igual que algunos detalles de la mecánica de la aeronave. El inventor también trabajó problemas teóricos valiéndose de sus profundos conocimientos de química y física.

Las ciencias de la visión son mi especialidad, y a través de mi trabajo sobre los nuevos métodos de obtención de imágenes, las técnicas de procesado de estas y la visión humana del color, he tocado muchos de los campos en los que Land realizó grandes avances. En 2018 he sido galardonada con la Medalla Edwin H. Land que otorgan la Sociedad Óptica de Estados Unidos y la Sociedad para la Ciencia y la Tecnología de la Elaboración de Imágenes, y mi investigación se basa en las innovaciones técnicas de Land que han hecho posibles las imágenes que obtenemos hoy en día.

Controlar las propiedades de la luz
Edwin Land hizo su primera innovación óptica en su juventud. Entonces se le ocurrió un método práctico y asequible para controlar una de las propiedades fundamentales de la luz: la polarización.

Pensemos en la luz como en ondas que se propagan desde una fuente. La mayoría de las fuentes de luz producen una mezcla de ondas con diferentes propiedades físicas, tales como la longitud de onda y la amplitud de la vibración. Decimos que nos encontramos ante una luz polarizada cuando la amplitud de esta varía de manera constante en sentido perpendicular a la dirección de desplazamiento de la onda.

Si tenemos el material adecuado para que la ondas lumínicas lo atraviesen, estas se pueden rotar a otro plano, desacelerar o bloquear. Las modernas gafas 3D funcionan porque un ojo recibe ondas que vibran en el plano horizontal, mientras que las que recibe el otro vibran en el vertical.

Antes de Land, los investigadores producían los componentes para controlar la polarización con cristales de roca a los que se les asignaban nombres y se les atribuían propiedades casi mágicas, aunque lo único que hacían era reducir la velocidad o la amplitud de las ondas lumínicas que viajaban con determinadas orientaciones. Land creó “polarizadores” desarrollando pequeños cristales e incrustándolos en láminas de plástico, de tal forma que la luz que pasaba a través de ellos se alteraba en función de su orientación con respecto a las filas de cristales. Su polarizador barato permitió filtrar la luz de manera fiable y práctica para que solamente pudiesen atravesarlo las longitudes de onda que tuviesen una orientación determinada.

En 1937, Land fundó la Polaroid Corporation para comercializar su nueva tecnología. Sus láminas polarizadoras encontraron múltiples aplicaciones, desde la identificación de componentes químicos hasta las gafas de sol fotocromáticas. En fotografía, los filtros polarizadores se convirtieron en un accesorio corriente para reducir el brillo. Hoy en día, los principios de la luz polarizada se utilizan en la mayoría de las pantallas de móviles y ordenadores para mejorar el contraste, atenuar el brillo e incluso encender o apagar píxeles.

Los filtros polarizadores ayudan a los investigadores a visibilizar estructuras que, de otro modo, serían invisibles, desde características astronómicas hasta estructuras biológicas. En las ciencias de la visión, a las que me dedico, las imágenes con luz polarizada identifican las distintas sustancias químicas, como las moléculas de proteínas que se filtran de los vasos sanguíneos en los ojos enfermos. La polarización también se combina con las técnicas de toma de imágenes a alta resolución para detectar el daño celular existente bajo la superficie reflectora de la retina.

Una nueva manera de extraer datos
Antes de la época de la captura digital de alta velocidad y de las pantallas de alta resolución asequibles, o del empleo de las cintas de vídeo, la fotografía Polaroid era el método preferido en muchos laboratorios científicos para conseguir imágenes impresas. Los experimentos y las pruebas médicas necesitaban representaciones gráficas o pictóricas que se pudiesen interpretar. A menudo, estas procedían de un osciloscopio analógico que trazaba los cambios de voltaje o de corriente en el tiempo. El osciloscopio era lo bastante rápido para captar las características más importantes de los datos, pero registrar la representación para su posterior análisis era un problema antes de que apareciese la cámara instantánea de Land.

Un ejemplo habitual en las ciencias de la visión es el registro del movimiento de los ojos. Un estudio de 1960 publicó el gráfico de la luz procedente del ojo en movimiento de un observador proyectada en la pantalla de un osciloscopio y fotografiada con una cámara Polaroid acoplada a este, no muy distinta del aparato corriente que una familia puede sacar con ocasión de un fiesta de cumpleaños. Durante décadas, los laboratorios de investigación y los centros médicos han utilizado accesorios consistentes en una cámara Polaroid y una plataforma de montaje para fijar las señales eléctricas que aparecían en las pantallas de los osciloscopios. Los formatos no eran ni mucho menos deslumbrantes si los comparamos con las actuales resoluciones digitales, pero en su momento fueron revolucionarios.

En 1987, cuando se creó mi nuevo laboratorio de imágenes de la retina, no existía ningún método asequible para imprimir nuestras innovadoras imágenes y poderlas compartir. Tras unos cuantos años de esfuerzos dirigidos a obtener reproducciones de alta calidad para conferencias y publicaciones, Polaroid Corporation vino a salvarnos con la donación de una impresora, lo que nos permitió difundir nuestras contribuciones científicas más allá del laboratorio.

Los ojos no son cámaras
Las aportaciones de Land no se limitaron a las patentes de más de 500 inventos y la creación de productos que compraron millones de personas. Su conocimiento de la interacción entre la luz y la materia favoreció la aparición de innovadores procedimientos de caracterización de las sustancias químicas utilizando la luz polarizada. Además, permitió entender algunos aspectos del funcionamiento del sistema visual humano que parecían desafiar las leyes de la física, empezando por lo que llamó la teoría retinex de la visión del color para explicar por qué percibimos una amplia gama de colores sin que las longitudes de onda correspondientes estén presentes en la habitación.

A pesar de su genialidad, Polaroid Corporation acabó pasando momentos difíciles en las décadas que siguieron a la muerte de su creador en 1991. Había dedicado gran cantidad de recursos a la venta de películas fotográficas, y cuando el mercado de la imagen se volvió digital a todos los niveles y todo el mundo, desde los fotógrafos de a pie hasta los técnicos clínicos y ópticos de máxima categoría, abandonó la película y el revelado, la empresa no estaba preparada.

Pero Polaroid no se hundió con el mercado analógico. Antes bien, se reinventó con la creación de productos que podían ayudar a imprimir el nuevo mundo de las imágenes digitales. Esta vez la historia se ha repetido, y Polaroid y otros fabricantes de cámaras instantáneas gozan actualmente de una popularidad renovada entre las generaciones de jóvenes que no tuvieron contacto con las versiones originales. Al igual que la pequeña Jennifer Land, hoy en día mucha gente sigue queriendo tener una versión tangible e inmediata de sus fotografías.

Ann Elsner es catedrática de Optometría de la Universidad de Indiana.

Cláusula de divulgación

Ann Alser recibe financiación del Instituto Nacional de Investigación sobre la Discapacidad, la Vida Independiente y la Rehabilitación, y los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.

 Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation.

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