8 dic. 2015

El traspaso de los atributos de mando. Entre hegemonías y tradiciones.

Esta es un reflexión de feriado. En ese momento donde pensando en nada, sobreviene a la mente una idea que toma forma con la escritura, aunque no del todo clara, pero lo suficiente para dar pistas y generar otras reflexiones.

El revuelo chicaneo de barrio que se armó respecto al traspaso de los atributos de mando para el Presidente entrante, me hizo pensar que si efectivamente es un evento simbólico, es entonces un evento que debe ser tratado desde lo comunicacional. Entonces, aparecen no ya "doña Rosa" preguntándose quien es el más ofendido, o los abogados constitucionalistas conversando sobre la ley, sino una serie de significaciones con impacto político.


Lo primero que pienso es que esto no es una chicana de la Presidente saliente tratando de opacar al mandatario entrante, tampoco un capricho, o no aceptar la derrota en las urnas. Es un acto de defensa de la hegemonía que trató de construir el Kirchnerismo. Siempre lo simbólico fue una preocupación comunicacional, tanto de Néstor como de Cristina. Ejemplos sobran y este es uno más, tal vez el último y por ello el más importante.

Para que algo se constituya como institución debe, necesariamente -entre otras cosas-, sostenerse en el tiempo. El inicio del Kirchnerismo se instaura en el Congreso, ese acto es considerado el origen del poder. Es decir, el origen del sentido. Por lo tanto la defensa de ese orden es imprescindible para mantener la identidad, o lo que es lo mismo en este proceso, la hegemonía.

La transición de poder de un presidente a otro tiene dos instancias, una normativa que refiere al juramento y otra simbólica que tiene como función mostrar un traspaso de atributos de poder.

El acto simbólico de los atributos de mando, tiene como función la continuidad democrática y de políticas de Estado, como también un pacto de paz. Dice la tradición que dicho acto se hace en la Casa de Gobierno, desde donde se ejerce la función del mandatario.

La tradición en una sociedad es importante. Es cada uno de aquellos acuerdos que una comunidad considera dignos de constituirse como una parte integral de sus usos y costumbres. Lo simbólico en una sociedad, mantiene el orden y la previsibilidad.

La posición de cada uno de los actores en pugna, está sostenido por sus discursos. Cada uno de los discurso (tanto en lo hablado como en los actos de sentido a los que está ligado),  inscribe las identidades como posiciones diferenciales dentro de un horizonte de significado y acción.

Toda identidad significativa está sometida a dos lógicas distintas: la lógica de la diferencia y la lógica de la equivalencia. Es por ello que la sistematicidad del sistema es imposible. El sistema, en tanto tal, es imposible. La única condición de su posibilidad es la representación de ese objeto imposible a partir de una relación hegemónica.

La Presidente saliente ha realizado una práctica hegemónica en toda su gestión. Una práctica se convierte en hegemónica cuando logra subvertir las prácticas opositoras que compiten con ella por la articulación de lo social. Todo lo que hemos estado viendo y escuchando en la campaña política, como en las argumentaciones posteriores referidas a la ceremonia del traspaso de poder.

Dice Laclau, “el intelectual del Kirchnerismo", que la hegemonía se define como aquel intento de extender un conjunto relativamente unificado de discursos, como el horizonte dominante de lo social, a partir de la articulación de elementos –diferencias no articuladas discursivamente- en momentos parcialmente fijados, en un contexto atravesado por fuerzas antagónicas.

Los antagonismos emergen cuando la presencia del otro impide ser. Implica la exclusión de identidades sociales cuya identidad diferencial se "pierde" en las cadenas de equivalencia.

Por lo tanto, la posición de la Presidente saliente es no dejar que la identidad del Presidente entrante se fije. Para lo cual es necesario como instauradora de un origen democrático, que necesita de una nueva tradición, en otras palabras su relato.

¿Pero qué pasa si el traspaso de los atributos de mando no se realiza por la Presidente saliente? ¿Qué se instaura? Podemos decir que ese momento se convierte en un significante vacío.  

"Un significante vacío –comienza diciendo Ernesto Laclau- es, en sentido estricto del término, un significante sin significado". Los significantes vacíos son importantes para la política porque, al encontrarse ellos vacíos de todo significado, dan lugar a la construcción de estructuras hegemónicas. Son, por ello, condición de posibilidad –y, a la vez, de imposibilidad- de la sociedad.

Digo que es un significante vacío porque la mera ausencia de Cristina Fernández de Kirchner en el traspaso de los atributos es un significado subvertido, quebrado, que torna en otro que desconocemos. 

Así, el cambio de lugar de los atributos del mando, en 2003 estuvo signado por una recuperación de la legitimidad del poder perdido por parte de los mandatarios, con la crisis del 2001. Había que refrendarlos frente al “pueblo”, en el sitio donde habitan los representantes de los ciudadanos de la Argentina. Se rompe la tradición por una necesidad. Por una imposibilidad de la sociedad ¿Es necesario ahora ese gesto?

Recordemos que ese acto tuvo como consecuencia que el Kirchnerismo confundió la función del Poder Ejecutivo, con la del Poder Legislativo.

Así, el significado del traspaso de los atributos de poder fue distorsionado y ahora se intenta continuar. Se confunde así una necesidad coyuntural de un momento crítico, con un origen hegemónico, por lo tanto la oposición a que vuelva a ser, a retornarle la identidad a dicho acto, es un proceso de lucha, que supone disolución de un significado, la idea de origen del Kirchnerismo.

En este sentido, si el presidente saliente no le entrega los atributos de poder al entrante, podría convertirse en el nuevo significante vacío. ¿Cómo se llenará? No lo sabemos, lo que sí sería un error es que de dicho significante quede en manos del presidente saliente. Si no le dio los atributos de mando, sigue en su posesión.  Y eso es una imposibilidad.

Por ello el Presidente entrante, si ocurriese que no le entregan los atributos de poder, deberá dejar en claro por qué se los entrega otro. En este caso el Poder Judicial. Debe dejar en claro que el saliente no está presente.

Si el punto es retornar a la tradición, debe disolver las diferencias en el sistema de equivalencia anterior, borrando la amenaza al sistema. Todo ello se logra con acciones comunicativas.

No hay comentarios:

¿Por qué y cómo se piensa desde EEUU a América Latina?

Función, dinámica e intereses de los think tanks estadounidenses que estudian América Latina