13 jul. 2012

La comunicación para el cambio. Imprescindible para una buena gestión.


Sabías que la comunicación para el cambio es más frecuente de lo que se percibe. 

Cualquier desarrollo en cualquier aspecto tiene consigo mayores retos, oportunidades y dificultades, por lo que es cada vez más compleja y mayormente sujeta al cambio. El cambio es inevitable, porque aun llevando un ritmo constante, hay límites, influencias y distintas variables que se deben siempre tomar en consideración para tomar decisiones que gestionen el cambio.

Desde fines de los años 80 los cambios organizacionales como las fusiones, adquisiciones, cambios de management, etc, crecieron y la tendencia actual es que sigan aumentando cada vez más.
Según el libro “Cultura” de Miguel Ritter, editado por la Crujía, los tipos de acciones que generan la necesidad de una estrategia de gestión comunicacional para el cambio son: El cambio de la dirección ejecutiva y con ello una redefinición de los objetivos estratégicos de la organización. / Una crisis de identidad por la fusión con la adquisición por parte de otra empresa (take–over). / Una crisis de productividad / motivación en la organización. / Una pérdida de posición dominante en el mercado y pérdida estructural de rentabilidad. / Un cambio en la escala de valores de la sociedad.


Estos procesos tienen muchos nombres en inglés impuestos en el argot del mundo de los negocios, como Merge & Acquisitións, turnaround, resizing, reengineering, downsizing, reshaping, rethinking o empowerment, aunque todos ellos implican la búsqueda de un mismo resultado: mayor eficiencia.
Todos estos cambios de y en el management están directamente relacionados con la política y la economía de los países. Los acontecimientos políticos afectan la vida de las empresas de una manera inédita, en la argentina los casos son más que elocuentes. Y como siempre hay quienes resultan beneficiados y quienes son perjudicados.

Para tener una idea en números sobre la cantidad de este tipo de acciones, en argentina en 2010, según la revista económica Apertura, hubo 120 operaciones por un total de 11 mil millones de dólares, en su mayoría en la industria de extracción, en salud y en alimentos. Y más de 200 cambios en niveles directivos en casi todos los rubros.

En estos tipos de cambios no solo los directores pretende saber cómo los afectará, los accionistas también desean saber de qué lado caerá la moneda y los empleados quieren saber si conservarán sus puestos. En este sentido hablamos de incertidumbre, que es la contracara de la información.

A pesar que la comunicación es intrínseca a la gestión diaria y que paradójicamente es por ello que no se suele prestar la atención debida para la gestión, es una herramienta estratégica para que el proceso sea lo menos traumático posible. Por ello gestionarla profesionalmente, tanto internamente como externa, es imprescindible. Una mala acción comunicativa puede traer mayores problemas que los que llevó al cambio.
Un caso particular es el que aconteció en la empresa periodística del Grupo Hadad, tomada por El grupo de Cristobal López, cuando quiso cambiar un directivo periodístico.

Otro caso emblemático se dio en 2007 con la toma de acciones de YPF por parte de un grupo Argentino. Internamente se generó un estado de incertidumbre que impactó en la productividad.

El individuo se resiste al cambio. Si bien tiene una alta flexibilidad para la adaptación, tiende a oponerse a realizar las cosas diferente a como las venía haciendo. Información no es comunicación. Ésta última necesita del feedback y del vínculo, lo que se denomina comunicación de doble vía. Así se genera una relación con las personas que piden explicaciones y orientación para la nueva dirección. Toda la información generada debe transmitirse con claridad y con datos verdaderos, porque si hay mentiras dentro de la organización, habrá rechazo fuera de ella.

En este sentido las capacidades de quienes deben liderar el cambio son estratégicas. Una imprescindible para establecer fuerza y empuje sobre el nuevo estado de cosas es empatía y generar una percepción de credibilidad. Esto es posible a partir de una buena gestión de la comunicación.

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