30 mar. 2012

La Grandota.

Aquí les dejo un cuento de Antonio Dal Masetto.  Me parece que es un excelente ejemplo de cómo con la ficción también se puede enseñar y aprender. Sobre la percepción del riesgo. 

A veces pienso que estoy bastante preparado para enfrentar los grandes problemas, pero lo que no puedo manejar y me envenena las horas son las pequeñas tragedias cotidianas, un clavo en el zapato, la manija de la pava que se rompe, un cierre que se traba, la falta de un botón en la camisa, una lamparita que se quema justo cuando por fin uno ha decidido ponerse a trabajar.
Estas son mis reflexiones en el bar, junto a don Eliseo, el asturiano, vecino del barrio. 'Para unos son los fastidios diminutos, para otros los de dimensiones mayores -dice don Eliseo-, pero le podría contar de algunos problemas que, modestia aparte, a mi entender escapan a cualquier categoría.' 'Lo escucho con atención.' 'Cuando salí de Caleao, antes de venir a este país, anduve recorriendo un poco, buscando un buen sitio para vivir, recalé en un lugar estupendo, pero con una inquietante particularidad, todo el mundo y todo el tiempo vivía pendiente de la amenaza de una enorme catástrofe.' '¿En qué consistía esa amenaza?' 'Jamás pude averiguar, era una tradición muy vieja, existía el temor de un tremendo cataclismo, una gran sacudida, nadie sabía en realidad de qué se trataba, si vendría de los cielos o de las profundidades, la llamaban la Grandota.' '¿Cómo soportaba la gente de aquel lugar vivir con ese temor?' 'Existía la creencia de que desgracias menores y periódicas impedían o por lo menos retrasaban a la grande, los gobiernos se encargaban de eso.' '¿Se encargaban de qué?' 'De que siempre hubiera catástrofes más o menos importantes para mantener alejada a la Grandota.' '¿De qué tipo de catástrofes me está hablando?' 'Imagine lo que quiera, represas que estallaban, terremotos, pestes, huracanes.' '¿Eran provocados por los que mandaban?' 'Nunca se sabía a ciencia cierta si eran inducidos o naturales, pero lo que importaba era que ocurriesen, en las épocas intermedias, cuando no pasaba nada, la gente andaba muy nerviosa.' 'Por miedo a la Grandota.' 'Correcto, los partidos políticos competían prometiendo desastres mayores y más efectivos, la oposición siempre acusaba al gobierno de turno de ser muy tibio, poco atrevido, mal organizado y que sus catástrofes no garantizaban la contención de la Grandota, ellos ofrecían más y con mayor prolijidad, el lema era Grandes Catástrofes y Buena Administración, y así iban turnándose.' '¿En el programa de los partidos figuraba el organigrama de las catástrofes?' 'Para nada, eran totalmente secretas y sorpresivas, además siempre quedaba la posibilidad de suponer que eran accidentales o naturales.' 'Me parece que no me da la cabeza para imaginarme la situación.' 'Es muy sencillo, por ejemplo recuerdo una vacunación masiva con vacunas falladas, terminaron todos apestados.' '¿Estaba programada?' 'Vaya a saber, para el caso era lo mismo, lo importante era sacar del medio a la Grandota.' '¿Y la gente, bien?' 'Muy bien; en otra oportunidad, en pleno verano, cayó nieve y granizó, sonaron todas las cosechas, comentaban que se había aplicado una variante perfeccionada del método creado por los rusos para bombardear las nubes, fue una tragedia maravillosa, ése fue un año glorioso, perdieron todo, los chicos bailaban en las plazas con los pies envueltos en pulóveres viejos y cantaban: ‘Otra vez la Grandota se quedó en pelota’ 'Creo que comienzo a entender cómo venía la cosa.' 'Hubo una temporada de vientos terribles, se decía que en alguna parte había enormes aspas ocultas, molinos gigantescos, nadie los pudo ver, pero la cuestión es que no quedaba nada en pie, ahí fue donde vi volar un chancho, la gente usaba anclas.' 'Ah la puta, me deja estupefacto.' 'Hubo una epidemia de sal, todo estaba salado, la fruta, el agua, el azúcar era salada, todos terminaron con hipertensión, vivían tomando grandes cantidades de diuréticos y orinando día y noche, aquella ciudad era un enchastre.' 'Me imagino que debía ser gente muy estoica para aguantar tanto.' 'No se me olvide las razones que tenían, todo lo soportaban para evitar la Grandota, no pierda de vista ese punto.' 'Son tantos y tan extraordinarios los acontecimientos que me cuenta que por momentos me distraigo un poco.' 'Hubo una invasión de ratas, los gatos no daban abasto, estaban gordos de tanto comer ratas, ya no querían más, pesaban promedio treinta kilos esos gatos, parecían pequeños hipopótamos.' '¿Y la gente cómo se las arreglaba?' 'Agarraba a los gatos por la cola y los usaba como palmetas.' '¿Lograban combatirlas con ese método?' 'No sé, pero le aseguro que cuando la acertaban un gatazo por el lomo a una rata, ésa no jodía más.' 'Me imagino que le hacía falta mucho entrenamiento para vivir en un país como ése, ¿usted cómo se las rebuscaba?' 'Me adapté como pude, me convertí en experto en eso de vivir de sobresalto en sobresalto, no me iba tan mal, hasta que un día, de fuente muy confiable, me llegó el chimento de que el partido gobernante, para ganarse la voluntad de la gente y desbancar definitivamente a la oposición, en un alarde de efectividad y de imaginación, iba a producir una catástrofe casi tan grande como la Grandota, y así mandar a la Grandota bien lejos durante una buena temporada, ahí fue donde lo pensé un poco y me dije que eso no era para mí, basta, entonces puse pies en polvorosa y sin perder un segundo me vine para acá."


por Antonio Dal Masetto, en Página 12, 11 de mayo de 1993, p.32.


Agradecemos a los docentes del diplomado de Conflictos Ambientales por haberme hecho conocer este cuento.

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