19 sept. 2011

“La conciencia de Zeno”. ¡Excelente libro!


Cuando comencé a leer “La conciencia de Zeno” tuve una sensación parecida a que la sintió Bioy Casares. Hastío. No es para homologarme con el genial escritor argentino, sino porque en su crítica sobre éste libro dice que las primeras 50 páginas del libro son pesadas. No parecen llevar a ninguna parte, más que a una crítica al psicoanálisis, que se extiende en todo el libro, por su dificultad para dejar el cigarrillo. Pero es a partir de la página 51 que vale la pena comenzar a leer.  Tal vez esta primera impresión fue porque no fumo. Nunca lo hice y como el cigarrillo es la causa que lleva al personaje principal al psicoanálisis, me resultó extraña esa manía.

El libro me lo regaló mi mujer. Cuando me lo dio me dijo -te va a gustar, tiene un humor muy parecido al tuyo-. Pero cuando una mujer te dice eso, te da escalofríos. No por la afirmación, sino porque al leerlo veras como ella te ve. ¿Y si no te gusta lo que lees? 

Por suerte el libro me gustó. No solo me resultó de agradable lectura, también me divirtió. Aunque no me reconocí en el personaje. Cosa que me preocupo por cómo me caracteriza la mujer con la que comparto mi vida.

La conciencia de Zeno fue escrito por Italo Svevo, en 1923. Pero su temática es tan actual como vanguardista resultó en su momento. Es por prescripción de su analista que comienza a escribir sus recuerdos. En vez de hacerlo en el sillón, lo hace en el papel. Pero el psicólogo se siente tan mal tratado en esos escritos que los publica para vengarse de su paciente (Zeno). He aquí el título del libro. 

Svevo me hizo acordar, en sus giros humorísticos, a “La conjura de los necios” ese único libro que escribió John Kennedy Toole antes de suicidarse y que su madre publicó de forma póstuma. Al igual que Ignatius J. Reilly, el personaje de "La conjura….," Zeno es un inadaptado, un personaje incapaz, que a diferencia de Ignatius, es un burgués feliz. Su incapacidad deviene de su buen pasar. Una especie de Marcello en la "Dolce Vita". Hoy lo catalogaríamos como un “vago lindo” con la tristeza de un joven rico.

Italo Svevo es un seudónimo. Su nombre para la vida real era Aron Ettore Schmitz. Nacido en Trieste en el seno de una familia de comerciantes judíos, Svevo fue, ante todo, un fumador compulsivo y esta afición al tabaco sería el disparador para la escritura de ésta, su novela mayor.

Amigo, mentor, discípulo de James Joyce, supo encontrar un lugar en la literatura de su tiempo y trascenderla. Muchos años antes que Sartre, Camus o Beckett, Italo Svevo escribió una novela fundamental para comprender nuestro banal paso por el mundo y nos ofreció un atisbo del universo póstumo que hoy estamos condenados a habitar. 

De forma más aguda, más trágica, más desolada, lo haría contemporáneamente Pessoa bajo su heterónimo Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego).  En este libro, el autor portugués, en unas de sus páginas también se referiría al psicoanálisis de forma crítica. 

El inconsciente, su difuso universo, ese cartografiado por Freud, es la materia prima que usa Svevo para escribir su novela.  La conciencia de Zeno, es una novela existencialista. Nos habla de qué implica enfrentarnos a la obsolescencia del mundo, a su irreparable precariedad, a nuestra insoluble búsqueda de respuestas. Nada y todo lo que hace Zeno es para buscar el por qué lo hace y cuáles son las situaciones que lo llevaron al lugar donde está, ese que no quería estar. Es un libro sobre filosofía de la vida cotidiana. Esa que no reparamos para poder seguir viviendo. 

Zeno es un un hombre insatisfecho con su vida, con su esposa (se casó con Augusta pese que amaba a Ada, la hermana de ésta), también con los negocios realizados (que eran los de su padre). En síntesis, con las elecciones que ha tomado y que han configurado su identidad.

Zeno no es un hombre malo, es buena gente, pero su ironía lo transforma. Así su conciencia refleja la pesadez para tener vínculos transparentes. Esta ambigüedad, entre la vida externa y lo que acontece en su conciencia, es el libro. Su escritura denota es tedio. El libro es largo, a veces de agobiada lectura, otras resuelta; pero por sobre todo es un texto con una delicada ironía. Esa con la que atravesamos la vida para poder vivirla. 

Aron Ettore Schmitz, alias Italo Svevo, muere en un accidente automovilístico en septiembre de 1928, y seguramente, poco antes de morir pidió un último cigarrillo.

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