21 ene. 2011

El cementerio de Praga. Umberto Eco.

La historia está compuesta por hechos relatados por personas con ciertos intereses sobre esos hechos. Por lo tanto,  de acuerdo a lo dicho y el tono usado se le da una u otra orientación. No hay textos de fundación, como afirmaba Eliseo Verón. Esto es una de las lecciones que nos deja el Cementerio de Praga y para aclararlo uno de los personajes no los dice de la siguiente manera:

"Quede claro querido Simone, que yo no fabrico falsificaciones sino nuevas copias de un documento auténtico que se ha perdido o que, por un trivial accidente, nunca ha llegado a ser producido pero que habría podido o debido serlo… (p120)"

Y si este párrafo, por esas inconformidades del lector, fue salteado, sobre el final Eco anuncia públicamente que todos los personajes existieron y dijeron lo que en la novela dicen. Menos, claro, el actor principal Simone Simonini.

Las novelas de Umberto Eco se caracteriza por un desborde de referencias historiográficas. Citas, notas, historias, personajes, dichos, retazos de hechos que conforman otra historia, aquella que pudo ser, o que efectivamente fue, aunque se dice ficción. La identidad es la palabra clave.

En el "Nombre de la Rosa", el estilo de vida de una abadía se presenta como escenario de un crimen resultado de un pensamiento filosófico sobre la Risa. En "Baudolino" la edad media se presenta en todo su esplendor, como en "La Isla del Día de Antes" el comienzo de la Modernidad será el escenario de fondo, o cómo en "El péndulo de Foucault" la magia, las sectas religiosas de la edad media y el renacimiento son el argumento principal de la historia de un editor; mientras que en "La Misteriosa llama de la Reina Loana" el siglo XX y el poder de historiar de los medios de comunicación será el camino para que el personaje principal recuerde su vida y recupere su identidad. En todas, Borges, sigue tan presente como en su primer novela, como así también el ego del autor en demostrar cuanto conoce y desafía el lector en buscar esas referencias para que la lectura sea más provechosa.

El Cementerio de Praga es un texto irreverente por su puesta en escena del odio hacia los Judíos, los Católicos (especialmente a los Jesuitas y los Papas) y a las sociedades secretas como la Masonería. Por ello ha sido duramente criticado, pero tal vez solo haya querido dar cuenta de los prejuicios que en el siglo XX llevaron a la autocensura y a que la libertad de expresión sea acallada por la intolerancia del poder.

El Cementrio de Praga comienza en París, 1897. El Capitán Simonini -su personaje principal-, un piamontés afincado en dicha ciudad se dedica a falsificar documentos. Desde joven ligado al noble arte del engaño, ha dedicado su vida a ser espía y falsificador, a moverse en arenas movedizas entre gobiernos europeos y oscuros grupos religiosos. Su historia, contada a modo de diario íntimo -que funciona como folletín- redactado para encontrar su identidad -"bien podría ser el Bourne" del siglo XIX-,  nos llevará precisamente hasta el cementerio de Praga, donde se puede entender el ciertos hechos que dieron forma al siglo XIX y alguna que otra verdad sorprendente del siglo XX.

El texto es de lectura densa, tanto como su anterior Novela. No tiene la agilidad del Nombre de la Rosa o el Péndulo….", pero es una buena y educadora historia sobre el poder del relato histórico y sus consecuencias.


La lectura del Cementerio de Praga es recomendable para quienes tienen paciencia y sentido del humor.

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