29 dic. 2009

10 pinceladas sobre la comunicación.



Algunas reflexiones sobre lo que el 2009 dejó en materia de management y comunicación.
Reproducimos un post del blog abblog.net de abcomunicaciones que propone 10 conceptos que nos dejó el 2009 y presentan un desafió para el 2010.

1. La Comunicación Interna ha quedado establecida como un activo estratégico para la gestión de los recursos humanos en las organizaciones.Las últimas encuesta apareció dentro de los primeros cinco preocupaciones de los CEOs.
2. La Comunicación definitivamente se convirtió en un instrumento imprescindible de gestión corporativa, para conseguir el máximo compromiso de la gente, para lanzar un relato corporativo creíble en medio de la tormenta, para establecer estrategias. Esto fue posible porque en un entorno de incertidumbre y tensión, los resultados o la supervivencia requieren de herramientas que antes no fueron tomadas en cuenta. Esto también ayudó a la industria. Comunicar, comunicar, comunicar.
3. La industria de la comunicación se ha revalorizado como espacio económico que ofrece masa crítica de ocupación, se ha insistido sobre la necesidad de incorporar más conocimiento y más sostenibilidad a la industria, lo cual, exige de todos grandes dosis de liderazgo, visión y compromiso.
4. La innovación ha dejado de ser una opción. La crisis ha empujado a una innovación resultadista, que quiere ROI a corto plazo. Veremos más innovación en el core business y menos innovación periférica.
5. El talento, del que se ha hablado mucho se notó con la crisis. La gente de talento ha notado poco la crisis en lo personal, ha sufrido más para obtener recursos para sus proyectos que por quedarse sin proyecto.
6. Las redes sociales han sido un gran fenómeno social que ha llenado muchas pantallas y mucho papel, pero no parece un fenómeno económico sustancial, por el momento. Hemos puesto de moda la palabra valorización, como expresión de la conversión de conocimiento (o de ciencia) en valor económico.
7. El Marketing se ha hecho más complejo y ha conectado con la innovación como vasos comunicantes. Hay que ir más allá de las necesidades del cliente y trabajar más en un ecosistema integral que lo mire como persona, cliente y ciudadano a la vez. Es un enfoque atractivo pero para nada fácil fue la incorporación del Marketing interno.
8. El cambio ha dejado de ser una retórica y se ha convertido en un imperativo determinado por los hechos en la mayoría empresas. Hay que reinventar estrategias o modelos de negocio.
9. Resilencia y compromiso. En 2009 hemos descubierto que quienes son serios tienen capacidad de aguante y sacrifico.
10. Una nueva teoría estratégica ha sumado herramientas para pensar un futuro promisorio y ético, donde la comunicación es un activo central de gestión.


Conclusiones
Queda claro que hay una franja laboral -muchas personas- que no presentan perfil para la economía que viene, cada vez más exigente en competencias profesionales. Es un gran problema estructural.
El 2010, el año de Bicentenario para la Argentina, nos propone desafíos que sortear. La crisis mundial ya pasó y ahora la recuperación se debe gestionar con nuevos conocimientos y nuevas herramientas.

Fuente. Imagen El pensador (1939)  de Emilio Rosenblueth, pintor 

15 dic. 2009

Discurso político y estrategias que no son


En una columna del diario Perfil del día domingo 13 de diciembre, el Semiologo Eliseo Verón publica una reflexión sobre el discurso de la presidente y cómo éste parece ser estratégico aunque nunca podamos ubicar esa estrategia. 
El texto es un poco extenso pero merece la pena tomarse unos minutos para leerlo, a pesar que no soy un devoto del autor. 
Dice Veron  
"Sí, hay algo de inquietante en el modo de comunicar del Gobierno. Porque no hay estrategia visible, pero tampoco produce una sensación de improvisación".



Por Eliseo Verón | 13.12.2009 | 00:20

Las encuestas de imagen son múltiples y variadas en el detalle pero, si consideramos el conjunto del período de ejercicio de la función presidencial, los resultados globales son prácticamente los mismos. Valen entonces dos ejemplos cualesquiera.

Según el CEOP, en noviembre de 2007 la presidenta electa tenía, poco antes de asumir, el 66% de imagen positiva y el 20,1% de imagen negativa. En octubre de 2009, de acuerdo a una encuesta de Management & Fit, Cristina Fernández de Kirchner registraba el 59,8% de imagen negativa y el 26,7% de imagen positiva. En 2007, sólo su marido la superaba del lado positivo, y actualmente ocurre lo mismo, pero del lado negativo.

Son resultados a nivel nacional. Y como esta rotunda transformación de lo positivo en negativo pone en juego alrededor de dos tercios de la opinión o sea, no se explica por movimientos en los márgenes, no parece descabellado pensar que este cambio está asociado a procesos afectivos intensos en la ciudadanía: a una fuerte decepción, a una desilusión. (Solemos olvidar que los afectos son importantes en política.)

Cuando se discute del alcance y el significado de las encuestas a lo largo de una gestión de gobierno, se acostumbra limitar el peso de las cuestiones de imagen insistiendo (con razón) en que responder a un cuestionario de opinión es un comportamiento muy distinto que ejercer la responsabilidad de ciudadano a través del voto. Bueno, las elecciones del 28 de junio mostraron una fuerte coherencia, en este caso, entre los factores de imagen y la evaluación propiamente política de la gestión.

Que un gobierno se encuentre en una situación como la que enfrenta el Gobierno argentino desde las últimas elecciones legislativas sería considerado, en cualquier país del mundo, como una circunstancia difícil, y llevaría a esperar de su parte algún tipo de respuesta adaptativa, una búsqueda de nuevos modos de contacto con la sociedad; iniciativas, por decirlo en términos muy generales, destinadas a mejorar la situación.Más allá de una fuerte desilusión, lo que ha generado, me parece, un trauma inédito en la ciudadanía y sorpresa en el resto del mundo es el modo en que el Gobierno ha reaccionado ante la coyuntura.

Múltiples calificativos se pueden usar (y se han usado) para describirlo: ceguera, negación, huida hacia delante, indiferencia, represalia. Se trata probablemente de una combinación complicada de todas esas cosas y algunas más.

También se pueden hacer (y se han hecho) lecturas tácticas –algunas casi admirativas– relativas a la capacidad de los Kirchner para recuperar poder después de la flagrante derrota de las legislativas, capacidad que contrasta con la confusión generalizada en el campo de la oposición y con las idas y vueltas interminables de sus principales dirigentes.

Sea como fuere, está claro que el “clima” general de la coyuntura lo ha seguido determinando el Ejecutivo y que sus modos de operar tienen un desdichado común denominador: la sistemática destrucción de la dimensión propiamente política de una gestión gubernamental, inseparable, en este caso, de una explícita descalificación de los mecanismos republicanos de la representación. El absurdo preelectoral de las candidaturas “testimoniales” se complementó con la corrida post electoral para hacer pasar en el Congreso, antes de quedar en minoría legislativa, leyes mal discutidas y con objetivos cuando menos dudosos.

Todo ha sido dicho y esto también: después de la crisis de 2001, se abrió un período de creciente estabilidad, acompañado de una situación económica internacional excepcionalmente favorable. Era el momento, por fin, de comenzar a reforzar las instituciones y de abrir la discusión, siempre postergada, sobre políticas públicas susceptibles de recoger amplios consensos.

Esta ha sido la nueva ocasión perdida. ¿Pero por qué? Limitarse a concluir que los Kirchner son los malos de la película no me parece satisfactorio, porque implica reducir la dinámica política argentina de los últimos años a un anecdotario personalizado.

Desde cierto punto de vista, la metodología de gestión gubernamental kirchnerista puede ser considerada un caso particular de una tendencia más general (que algunos politólogos asocian al resurgimiento de un cierto “populismo”), que se manifiesta en distintos países bajo la forma de una acentuación del presidencialismo.

El tema fue largamente discutido en un coloquio sobre la función presidencial realizado en Japaratinga, Brasil, al que aludí en una columna de este mismo diario hace algunas semanas.
Un caso típico de acentuación del presidencialismo es el que resulta de una creciente mediatización de la figura presidencial, que hace posible que el Ejecutivo ejerza su poder, al menos en parte, por fuera de los marcos institucionales. O sea: la figura presidencial despliega modalidades no institucionales de influencia y de toma de decisiones, a través de un manejo de los medios de comunicación que le otorga una presencia extremadamente fuerte en el espacio público. Ejemplos típicos de esta modalidad son los casos de Sarkozy, Berlusconi y Chávez.

Es interesante entonces notar, a este respecto, que la exacerbación del poder presidencial puede tener lugar tanto en un régimen parlamentario (Italia) cuanto en un sistema presidencial con un “jefe de gobierno” que es el primer ministro (Francia) o en un régimen presidencial clásico, por decirlo así, que va derivando hacia un liderazgo de estilo castrista (Venezuela).

En cualquiera de estos casos, lo decisivo parece ser entonces una estrategia adecuada de manejo de los medios “masivos” tradicionales, independientemente de las características específicas del dispositivo republicano.

Con mayor o menor sutileza, en los tres casos están presentes ciertos rasgos “populistas”: la búsqueda de una relación directa con “el pueblo”, la voluntad del ocupante de la posición suprema de interpretar, por sí mismo, lo que la ciudadanía quiere o espera, eludiendo las mediaciones deformantes, interesadas, engañosas, del periodismo profesional. Berlusconi es además, claro, un ejemplo extremo de concentración del poder presidencial junto con un control, directo o indirecto, de la televisión italiana, y en el caso de Chávez son bien conocidas sus reiteradas actitudes de intimidación a los medios informativos independientes. Sea cual fuere la opinión política que se pueda tener de ellos, Sarkozy, Berlusconi y Chávez pueden ser considerados, globalmente, como presidencialismos mediáticamente exitosos.

La situación argentina es, desde este punto de vista, anómalo. Por un lado, la actitud sistemática de enfrentamiento con los medios informativos, que ha caracterizado la gestión de Cristina Fernández de Kirchner desde su inicio, fue generando un clima claramente desfavorable a la construcción de la figura presidencial. Se podría pensar que, justamente, ese carácter sistemático indica una característica discursiva que forma parte de alguna estrategia.

Sin embargo, el agitado procedimiento puesto en marcha para promulgar la nueva Ley de Medios parece más bien haber sido resultado de una decisión apresurada, tomada a la luz de la derrota electoral, y resulta difícilmente justificable desde un punto de vista estratégico. Los supuestos “frutos” de esa ley, suponiendo que termine facilitando el control de los medios por parte del Gobierno, sólo podrían hacerse sentir en el mediano plazo, mediano plazo más que incierto para el kirchnerismo y, de todos modos, en términos de factores de imagen de la figura presidencial, los datos muestran que el mal está hecho, y sería francamente ingenuo suponer que una ley de medios podría tener alguna eficacia para “remontar”, en un tiempo razonable, es decir, políticamente pertinente, la imagen negativa del Gobierno. Por otro lado, la producción discursiva de la señora presidenta tiene algo de profundamente inquietante.
En primer lugar, su volumen: a lo largo de sus dos años de gestión, acumula (en una estimación aproximada, que puede tener un margen importante de error) más de seiscientos discursos.

Es una corriente discursiva ininterrumpida, continua, desbordante, cerrada sobre sí misma y extremadamente homogénea, que produce en última instancia una extraña sensación de autismo. Ya se trate del envío al Congreso de la Ley de Medios, de un almuerzo en homenaje al presidente de Israel, del Congreso Internacional sobre las células madre, de la inauguración de una turbina en la central termoeléctrica de Campana (discurso que fue el objeto de mi primera columna en este diario, publicada el 24 de mayo de 2008), de la asignación universal por hijo de la ANSES o de una reunión del Mercosur, hay una suerte de dispositivo básico que se repite una y otra vez: Cristina, la Presidenta, enunciadora en primera persona, pedagoga llena de buenas intenciones y compenetrada con su función, les habla a los argentinos insistiendo en la absoluta excepcionalidad histórica de su acción de gobierno. No he leído, claro, los seiscientos discursos. Algunas docenas tal vez, y muchos de manera fragmentaria. Pero de todos modos, y para decirlo de una manera brutal: ¿a quién le importa? O si se prefiere: ¿a quién le habla Cristina Fernández de Kirchner?

Sin duda, una posible respuesta sería: al pueblo. Pero el pueblo implícito en sus discursos es un pueblo genérico, un pueblo sin rostro, un pueblo políticamente anónimo. La masa discursiva de la señora Presidenta no tiene matices, no presenta inflexiones, se adapta a la circunstancia específica de una manera puramente descriptiva. Y a lo largo de la gestión no hay desarrollo discursivo, no hay encadenamiento progresivo de decisiones gubernamentales, es decir, no hay una lógica que se desenvuelva en el tiempo.En suma, no hay pensamiento político.

Hay sí, en la mayoría de los discursos, un momento de exabrupto o de agresividad contra enemigos que se dan por conocidos, aunque no se consiga entender por qué no están de acuerdo con una señora tan razonable. Sí, hay algo de inquietante en el modo de comunicar del Gobierno. Porque no hay estrategia visible, pero tampoco produce una sensación de improvisación.

Creo que el secreto es que se trata de un discurso de inspiración populista, pero construido para una multitud compuesta de clientes, no de militantes. Lo cual es perfectamente paradójico.

*Profesor plenario de la Universidad de San Andrés.

9 dic. 2009

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Te presento a los tres empresarios más poderosos del mundo según el sitio management Tv.
Seguramente que sus estrategias de negocios son para tener en cuenta.




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